jueves, 20 de abril de 2017

Noches de librería




Cada tarde, a esa hora en la que las calles se empiezan a vaciar y las luces de los escaparates se apagan, es cuando el Principito aporrea la cubierta del libro –una excelente edición en tapa dura– de Alicia. Ella, entonces, se asoma tímida entre las páginas y le deja entrar.
Casi al mismo tiempo, el capitán Alatriste y Drácula se apresuran a continuar su partida de ajedrez. A su lado, Sherlock Holmes se lamenta de que tampoco este año ha conseguido dejar de fumar.
En un pasillo cercano, Hércules Poirot prosigue con su interrogatorio a un nervioso Christian Grey, que asegura haber extraviado una de sus sombras, mientras en la sección de clásicos se guarda un minuto de silencio por los descatalogados.
A la mañana siguiente, cuando la librería abre, ya no queda ni rastro de las letras, frases y párrafos que don Quijote ha tirado por el suelo, empeñado, una noche más, en derribar la estantería de las novedades a lomos del dinosaurio de Monterroso.



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