Ir al contenido principal

La creación

En el año tercero del quinto milenio el hombre creó al cíborg, a su imagen y semejanza lo creó. Y vio el hombre que el cíborg era inteligente y lo alentó.
Enseguida el hombre le ordenó ocuparse de las tareas ingratas que hasta entonces realizaba él y el cíborg obedeció. Y el hombre lo llamó esclavo.
Vio el hombre que era bueno y descansó.
En el año cuarto del quinto milenio el hombre a la hembra cíborg creó y dio el visto bueno a los dos. Multiplicaos y llenad la tierra y ellos obedecieron.

Y vio el hombre que aquello era bueno y se extinguió.                                      



Microrrelato finalista en el I concurso de microrrelato "Micrología Literrante" convocado por El Blog Onanista.

*La ilustración pertenece a Isabel González Serna (ganadora de la categoría de ilustración).

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Truco o trato?

  Vampiros, momias, fantasmas y muertos vivientes esperaban con ansia la llegada de la noche más escalofriante del año. Solo entonces daban rienda suelta a su lado más oscuro y se disfrazaban de abogados, oficinistas o escritores mediocres. Microrrelato ganador mediante votación popular del Concurso de Microrrelatos Espeluznantes en las 100 Tiendas.

Los cuentos de siempre

Me adentré en el bosque , una tarde más, ataviada con mi ajada capa roja. Seguí el camino, el de siempre, tarareando la consabida cancioncilla. Pasado el primer claro, apareció el maldito lobo feroz. Parecía cansado, más que de costumbre, y sus profundas ojeras así lo atestiguaban. Yo también lo estaba. Cansada y harta de las continuas humillaciones sufridas a lo largo de los años. Aquel día solo buscaba una sola cosa: venganza. Así es que, antes de que el lobo abriera su bocaza para preguntarme lo de siempre, saqué el revólver de mi cestita y vacié el cargador sobre su barriga. Después, corrí.

Una férrea educación

«Blanco o negro, vivir o morir...; se trata de tomar decisiones y actuar», gritaba mi padre furioso cada vez que me veía dudar.      Los baños diarios en el mar, incluso durante el invierno, o la prohibición de mostrar mis sentimientos, ni siquiera durante el funeral de mamá, formaban también parte de su empeño en convertirme en un hombre de verdad, útil para este mundo. Así es que estoy seguro de que se sintió realmente orgulloso de mí cuando permanecí sentado en la arena, impasible ante sus súplicas, mientras se ahogaba aquella fría tarde del mes de abril. Microrrelato seleccionado para su publicación en la antología 100 palabras para un mundo   de El Libro Feroz Ediciones .