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Resaca marina




El capitán no conseguía recordar nada de la noche anterior, tan solo el espantoso calor que todavía se empeñaba en continuar pegado a su piel. Se había despertado con la boca tan seca que bien podría haberse pasado todas esas horas mascando serrín. Aun así, cogió aire, cerró los ojos y sopló las velas, pero el barco no se movió. La maldita resaca le había dejado sin fuerzas y apenas podía pensar con claridad. Es cierto que sus excesos con la bebida nunca acababan bien –peleas con su tripulación, pérdidas de rumbo, cortes, fracturas y hasta un naufragio en alta mar–, pero esta vez había llegado demasiado lejos: por muchas vueltas que le diera no alcanzaba a entender cómo demonios había terminado encallado dentro de esa botella.


#UnMarDeHistorias

Comentarios

  1. Excelente,me arrancó una sonrisa en un día amargo

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    1. Muchísimas gracias, Víctor. También tu comentario ha alegrado mi día. Un fuerte abrazo quitapenas.

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