Ir al contenido principal

Puro veneno


 

Mamá estaba hecha de historias y olía a papel impreso, pero desde hacía unos meses parecía no encontrarse demasiado bien. Fue durante el último verano que pasamos los tres juntos cuando nos dimos cuenta de que su amor por los libros se había descontrolado.

Al descubrir el estropicio que mamá había preparado en la cuenta corriente, papá me cogió de la mano y pasamos toda una calurosa tarde de agosto de librería en librería mostrando su foto para que no la dejaran entrar más. No me atreví a contarle que hacía ya un tiempo que mi hucha cada vez pesaba menos.

En esos días las peleas entre ellos se volvieron constantes. Él intentaba de mil maneras distintas que ella sacara su cara de entre las páginas y nos prestara algo de atención, pero nunca tuvo éxito. Así es que al final le dio a elegir, o ellos o nosotros. Salimos perdiendo. Una noche a principios de septiembre no volvió y al día siguiente papá se deshizo de todos los libros que invadían la casa, o eso creyó. Escondí uno porque el veneno ya anidaba dentro de mí, y desde entonces me es imposible dormir sin hundir antes la nariz dentro de él.  


#elveranodemivida

 

Comentarios

  1. Enhorabuena por tu selección en Zenda. Estupendo relato.👏👏

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Sara. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Desconocidos

  Imagen tomada de internet La mujer sube al metro un par de paradas después que él. Como cada mañana se dirige a la oficina en la que trabaja desde hace diez años de siete a tres. Él también va a trabajar, pero hoy se ha levantado más temprano que de costumbre y ha cogido el metro de «y dieciséis». Por eso todos los rostros que hay a su alrededor le resultan nuevos y se entretiene observándolos. La mujer enseguida repara en él, agradecida por encontrar una cara nueva entre las mismas de siempre. Al sentarse junto al hombre, le roza de forma intencionada la rodilla y, tras pedirle unas tímidas disculpas, inician una conversación trivial. Unas paradas más tarde la charla da un giro y se vuelve más personal, más cálida. Hasta se atreven con un leve flirteo.  En cada estación baja y sube gente a raudales, pero la atención de la pareja ya está muy lejos de lo que ocurre a su alrededor. Ahora solo se miran y se escuchan entre ellos, todo lo demás es un molesto ruido de fondo. Conforme el me

La primera familia feliz

Imagen tomada de la red. Cada mañana Adán sale a la calle a ganarse el pan con el sudor de su frente. Eva, en cambio, se queda en casa para ocuparse de que todo esté en absoluto orden. Pese a su abultado vientre se desenvuelve con gran destreza. Quedan apenas un par de semanas para parir con dolor al bebé y no quiere dejar que nada escape a su control. Adora la limpieza y no concibe mayor placer que el de ver su hogar recogido, cada cosa ocupando su lugar exacto: las hojas de parra recién planchadas agrupadas por colores en los armarios, las manzanas formando una pirámide perfecta en el frutero, el pescado en el horno en su justo punto de sal y la serpiente con las zapatillas en la boca, junto a la puerta, esperando a que llegue Adán.   Microrrelato finalista en el programa El sillón de terciopelo verde de Aragón Radio. Aparece por  aquí   a partir del minuto 41:14,  aunque lo que de verdad merece la pena es escuchar el programa entero.