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Cómo recoger un premio literario en cinco sencillos pasos

PRIMER PASO : Para empezar, y por muy increíble que pueda parecerle, asuma que usted es una de las ganadoras del certamen. Felicite, cómo no, al resto de afortunados: ENHORABUENA A CELIA, NICOLÁS, IRENE, SARA, SONIA, MARÍA, MARINA Y TAMARA. SEGUNDO PASO : Advierta a los asistentes que lo suyo no es hablar en público y que, por suerte, escribir se le da bastante mejor, así es que procure no improvisar ni dejar nada al azar: usted todavía no dispone de las tablas necesarias para ello. TERCER PASO : Agradezca al público su asistencia. Agradezca también al ayuntamiento de Nájera, al instituto Esteban Manuel de Villegas y al jurado del concurso la elección de su relato. Aproveche también la oportunidad para darle las gracias a su madre por todo, así, en general; a Raúl por su inagotable paciencia y sus continuas lecciones de vida; y a sus chicas y chicos de la UPL por su incondicional apoyo y sus críticas no lo suficientemente despiadadas. CUARTO PASO : Cree cierta tensión ...

Miradas

Ya no se ven niños dentro de la ciudad amurallada. Tampoco mujeres, ella es la última, aunque sabe que no le queda demasiado tiempo. Lo siente en los ojos de los hombres que aún resisten al asedio, en sus miradas desesperadas, repletas de deseo, de ansia. Al anochecer recorre lo que queda de la ciudad para encender los hogares de las casas vacías. Cada día hay más, pero gracias a ella el enemigo, de momento, no se enterará. Hoy no se encuentra bien, su estómago hace mucho que ha dejado de rugir, ya ni siquiera es capaz de sentir el hambre. Ellos todavía sí. Por eso, cuando cae desfallecida en mitad de la calle, sus vecinos se abalanzan sobre ella como hienas hambrientas. Son sus miradas febriles lo último que la mujer ve. Microrrelato seleccionado como finalista en el III Certamen de microrrelatos "Ciudad de Calahorra". Par leer los ganadores y el resto de seleccionados pincha  aquí .

Sus pies desnudos

Mateo estruja la nota contra su pecho. Camina despacio hasta el salón y abre la puerta con la misma lentitud. Sabe que llega demasiado tarde, así que de nada sirve ya correr. Se deja caer en la silla que hay junto a la mesa, la misma sobre la que ella habrá puesto sus pies desnudos hace unas horas. Cuenta las colillas que hay en el cenicero y sostiene con ternura la copa medio vacía. El olor del licor le lleva por un instante a otro tiempo, a domingos entrelazados en el sofá, a sobremesas eternas a su lado, a canciones de amor y películas con final feliz. Mateo tira sobre la alfombra la copa y la hoja de papel maltrecha. Alarga las manos, ahora vacías, y acaricia los pies que cuelgan frente a sus ojos. Solo entonces rompe a llorar. Microrrelato seleccionado para su lectura en antena en el taller radiofónico del CELARD.  Puedes escuchar el programa  aquí .