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Tarde de septiembre

Aunque había sido un día de lo más caluroso, aquella tarde de finales de septiembre, al salir del despacho, comprobé que había refrescado bastante. Aun así decidí acercarme hasta el parque. Últimamente el trabajo en el bufete me resultaba de lo más estresante, creo que me afectaba demasiado ver ante mí a toda esa gente desencajada buscando que yo les salvara la vida. Pasear me ayudaría a desprenderme de todo lo negativo de las últimas horas. Inmersa en mi propia burbuja, tardé un tiempo en reparar en la anciana que permanecía sentada en un banco mientras yo rodeaba a buen ritmo el parque una y otra vez. Tal vez fue a la quinta o sexta vuelta cuando me fijé en ella. Tenía el pelo cano, el rostro marcado por cientos de arrugas y la mirada completamente perdida. Me senté en otro banco, enfrente, a pocos metros de distancia y pasé un buen rato mirándola. La mujer apenas se movía, aunque a ratos parecía estar hablando consigo misma e incluso varias veces la vi sonreír. Estaba claro que ...

Anuncio por palabras

  Aquel anuncio en el periódico, escrito con grandes letras negras, atrajo toda mi atención. “Busco cuarto piso todo interior, treinta metros cuadrados, sin calefacción ni ascensor. Cambio por riñón en perfecto estado. Ayer el banco me pedía los dos.” -¡Jodida crisis!- exclamé, mientras anotaba el teléfono en una servilleta.       Relato ganador del II Concurso Literario "Sea Breve Mobile World Centre" en la categoría de Historia Corta.  

Por una vida mejor

                                                                      8     9       10 Marzo 2014 Querida Maite,                                                                                      ...

Carta de amor

Mi estimado Emilio,   Tenga usted a bien leer esta misiva hasta el final, antes de hacerse una idea equivocada de mis propósitos, si bien no son otros que expresarle mi eterna gratitud por los magníficos momentos pasados junto a su persona y el exquisito trato con el que ha llevado mi caso. Como bien recordará, fue hace un par de meses cuando acudí a su despacho, por recomendación de una amiga en común, para que pudiera tramitar mi divorcio. Tuvo usted a bien recibirme al momento y yo no sé, pero fue cruzar esa puerta y mi vida cambió. Y no lo digo por lo de la ruptura de mi relación, puesto que tal cosa hacía tiempo que ya no tenía remedio y tan solo se trataba de formalizar legalmente la situación. No, de lo que le hablo es de algo que va más allá de mi entendimiento. Lo que yo sentí nada más verle es que ya nos conocíamos, que ambos ya habíamos coincidido en vaya usted a saber qué momento, instante o vida pasada. Y créame si le digo que en temas religiosos soy una pers...

Instrucciones

Estaba deleitándome con un vino de Navarra cuando sonó el teléfono. Me pasó el inalámbrico y me dijo: es mi madre. Dice que ha encontrado una botella con un mensaje tuyo. -¿Cuál es el problema, Elvira?- dije en un   tono hastiado. -¿Qué narices es esto, Bárbara? ¿Puedes explicarme qué es esta carta exactamente? -Bueno, no es una carta, sino unas pequeñas instrucciones, creo que lo pone bien clarito. Además, la idea es que encontraras la botella mañana, no esta noche. -Pero, pero… -Mira, Elvira, no quería ser cruel, solo pretendía que nos dejaras disfrutar durante el fin de semana a los dos solos. Ya sabes, sin interrupciones, sin llamaditas, sin falsas alarmas, sin sustos a deshoras. Entiéndelo, mujer, es nuestro aniversario. Mi marido me miraba con los ojos fuera de las órbitas y la boca abierta. Una imagen que esperaba que no se quedase impresa en mi cerebro durante mucho tiempo. -Bárbara, una sola cosa te digo, ojalá no me pase nada durante estos dos día...

Los cuentos de siempre

Me adentré en el bosque , una tarde más, ataviada con mi ajada capa roja. Seguí el camino, el de siempre, tarareando la consabida cancioncilla. Pasado el primer claro, apareció el maldito lobo feroz. Parecía cansado, más que de costumbre, y sus profundas ojeras así lo atestiguaban. Yo también lo estaba. Cansada y harta de las continuas humillaciones sufridas a lo largo de los años. Aquel día solo buscaba una sola cosa: venganza. Así es que, antes de que el lobo abriera su bocaza para preguntarme lo de siempre, saqué el revólver de mi cestita y vacié el cargador sobre su barriga. Después, corrí.

El traje

La proximidad de la navidad le hacía sentir mal porque invitaba a realizar un examen de conciencia del que pocas veces salía bien parado. La interminable lista de buenos propósitos que cada enero se afanaba en confeccionar, resultaba inútil apenas un par de meses después. Ahora, sin embargo, no había tiempo para lamentaciones. Repasó todos los preparativos y cayó en la cuenta de que no recordaba dónde había puesto el tique de la tintorería. Intentó hacer memoria mientras rebuscaba por toda la casa el maldito papel. ¿Dónde lo habría puesto? Abrió el armario y, traje por traje, miró en todos los bolsillos sin resultado. Cruzó los dedos y sacó la ropa húmeda de la lavadora para comprobar que tampoco estaba allí. Tras unos angustiosos minutos, encontró el resguardo bajo el mueble del pasillo, escondido, como queriéndose burlar de él. Demasiadas emociones para un solo día, se dijo justo cuando el teléfono comenzaba a sonar. De mala gana descolgó y escuchó al otro lado la voz de su ayudant...