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Entradas

Un fallo en el sistema

*Detalle de El ángel caído de Alexandre Cabanel*   Me extrañó mucho que me enviaran allí sin comprobar antes mi historial, pero es cierto que mi aspecto angelical siempre me había ayudado a parecer lo que no era. Tal y como había imaginado antes de morir, el cielo era un lugar esponjoso, tranquilo y sumido en una irritante claridad. Los rubicundos seres que lo poblaban pasaban el tiempo tocando arpas, liras y laudes, desafiando a los nervios más templados. Supe que sería imposible aguantar toda la eternidad en semejantes condiciones, así es que tuve que intervenir.  No me costó hacerme con la confianza de un pequeño grupo para sacar a sus miembros de tan tediosa rutina. Al primer divertimento que nos entregamos con un inusitado fervor fue al de orinar asomados a nuestras nubes en los días de lluvia. Se morían de la risa imaginando a los todavía vivos recibiendo aquellas gotas con la cara vuelta hacia arriba. Enseguida se cansaron y reclamaron algo más de sofisticación en nues...

Cuestión de supervivencia

  Cuando papá llega a casa pasadas las diez de la noche, la mayoría de las veces lo hace vociferando el nombre de mamá mientras se empieza a desabrochar el cinturón. Es en esos momentos de terror cuando debemos decidir cómo actuar. Mamá me suplica con la mirada que no me mueva, que no haga nada. Entonces yo procuro mirar para otro lado con el ojo derecho. El izquierdo, en cambio, me lo tapo con las dos manos, por instinto, pues se me olvida que desde una de aquellas terribles noches, detrás del parche, no hay más que un oscuro vacío. Microrrelato seleccionado para su publicación en la antología ¡Basta! + de 100 escritores y escritoras contra la violencia de género.

Última hora

La población estalla indignada ante un nuevo aplazamiento del Juicio Final   Al parecer la causa sería la sobrecarga de trabajo a la que se han visto sometidos los empleados del juzgado en los últimos meses. «Nunca nos habíamos encontrado ante semejante situación. Millones de acusados han de sentarse en el banquillo y nosotros estamos desbordados. ¡Solo tenemos dos manos, por el amor de Dios!», se queja uno de los funcionarios. Ante el anuncio de este hecho miles de muertos se han echado a las calles reclamando una solución. «Llevamos más de dos mil años esperando y ahora se ríen de nosotros. Solo reclamamos lo que se nos prometió. Queremos un juicio justo para que pueda producirse nuestra resurrección cuanto antes». El magistrado, Dios Todopoderoso, ha declarado su malestar por lo sucedido y lamenta no poder hacer honor a su nombre esta vez. A todo este caos se suma el enfado de los equipos de limpieza de la ciudad a causa de la cantidad de vísceras y miembros en descomposición qu...

Ave salvaje

  Algunos días mamá quería volar, por eso a veces la encontrábamos subida al alfeizar de la ventana, batiendo sus brazos, dispuesta a dar el gran salto mortal. Es entonces cuando nos acercábamos muy despacio para no asustar a aquella ave salvaje y, una vez detrás, nos abalanzábamos sobre cada una de sus piernas. Mientras la sujetábamos todo lo fuerte que podíamos gritábamos para que papá viniese a ayudarnos. Una vez sobre la alfombra de la habitación, todo eran abrazos, llantos, gritos y mocos. Ese mismo día mamá desaparecía durante una temporada y a nosotras nos invadía un alivio triste o una tristeza aliviada, que transitábamos en casa de los abuelos, ya que papá se sentía demasiado cansado para hacerse cargo de su dolor y de nosotras al mismo tiempo. No se lo reprochamos jamás.  A mamá no podíamos verla durante esas temporadas en las que permanecía en el  taller de reparación , como nos contaba papá cada noche por teléfono. Allí se encargaban de restaurar su salud ment...

Puro veneno

  Mamá estaba hecha de historias y olía a papel impreso, pero desde hacía unos meses parecía no encontrarse demasiado bien. Fue durante el último verano que pasamos los tres juntos cuando nos dimos cuenta de que su amor por los libros se había descontrolado. Al descubrir el estropicio que mamá había preparado en la cuenta corriente, papá me cogió de la mano y pasamos toda una calurosa tarde de agosto de librería en librería mostrando su foto para que no la dejaran entrar más. No me atreví a contarle que hacía ya un tiempo que mi hucha cada vez pesaba menos. En esos días las peleas entre ellos se volvieron constantes. Él intentaba de mil maneras distintas que ella sacara su cara de entre las páginas y nos prestara algo de atención, pero nunca tuvo éxito. Así es que al final le dio a elegir, o ellos o nosotros. Salimos perdiendo. Una noche a principios de septiembre no volvió y al día siguiente papá se deshizo de todos los libros que invadían la casa, o eso creyó. Escondí uno porque ...

Despedida

Imagen tomada de internet La madre mira embelesada a su hijo vestido con el traje nuevo. Después de tantos meses en el hospital, todo el día en pijama, ahora resplandece como un ángel. Ella le besa por última vez y enseguida le indica al empleado que ya puede cerrar el pequeño ataúd blanco.

La cita

  Las sirenas de las ambulancias detonarán el silencio de su casa. Ella se despertará asustada. Observará a su alrededor y, tras unos segundos de desconcierto, recordará que se quedó dormida en el sofá. Mirará su reloj y descubrirá que ya no podrá llegar a tiempo a la cita. Hace más de media hora que tendría que haberse encontrado con él. Se pondrá furiosa consigo misma y cuando se disponga a buscar su móvil entre los cojines, las imágenes del televisor captarán toda su atención.  Enseguida reconocerá la cafetería en la que han quedado. Verá cómo el cartel con el nombre del local cuelga ahora a lo largo de la fachada siguiendo un rítmico vaivén, como el de un cuerpo recién ahorcado. Mirará incrédula cómo han desaparecido los cristales que antes resguardaban la terraza, dejando al desnudo una estructura metálica retorcida de forma absurda, y aún le costará un momento reconocer que los bultos que yacen en el suelo, bajo los cristales, entre el amasijo de lo que antes fueron sill...