Ir al contenido principal

Entradas

Instrucciones

Estaba deleitándome con un vino de Navarra cuando sonó el teléfono. Me pasó el inalámbrico y me dijo: es mi madre. Dice que ha encontrado una botella con un mensaje tuyo. -¿Cuál es el problema, Elvira?- dije en un   tono hastiado. -¿Qué narices es esto, Bárbara? ¿Puedes explicarme qué es esta carta exactamente? -Bueno, no es una carta, sino unas pequeñas instrucciones, creo que lo pone bien clarito. Además, la idea es que encontraras la botella mañana, no esta noche. -Pero, pero… -Mira, Elvira, no quería ser cruel, solo pretendía que nos dejaras disfrutar durante el fin de semana a los dos solos. Ya sabes, sin interrupciones, sin llamaditas, sin falsas alarmas, sin sustos a deshoras. Entiéndelo, mujer, es nuestro aniversario. Mi marido me miraba con los ojos fuera de las órbitas y la boca abierta. Una imagen que esperaba que no se quedase impresa en mi cerebro durante mucho tiempo. -Bárbara, una sola cosa te digo, ojalá no me pase nada durante estos dos día...

Los cuentos de siempre

Me adentré en el bosque , una tarde más, ataviada con mi ajada capa roja. Seguí el camino, el de siempre, tarareando la consabida cancioncilla. Pasado el primer claro, apareció el maldito lobo feroz. Parecía cansado, más que de costumbre, y sus profundas ojeras así lo atestiguaban. Yo también lo estaba. Cansada y harta de las continuas humillaciones sufridas a lo largo de los años. Aquel día solo buscaba una sola cosa: venganza. Así es que, antes de que el lobo abriera su bocaza para preguntarme lo de siempre, saqué el revólver de mi cestita y vacié el cargador sobre su barriga. Después, corrí.

El traje

La proximidad de la navidad le hacía sentir mal porque invitaba a realizar un examen de conciencia del que pocas veces salía bien parado. La interminable lista de buenos propósitos que cada enero se afanaba en confeccionar, resultaba inútil apenas un par de meses después. Ahora, sin embargo, no había tiempo para lamentaciones. Repasó todos los preparativos y cayó en la cuenta de que no recordaba dónde había puesto el tique de la tintorería. Intentó hacer memoria mientras rebuscaba por toda la casa el maldito papel. ¿Dónde lo habría puesto? Abrió el armario y, traje por traje, miró en todos los bolsillos sin resultado. Cruzó los dedos y sacó la ropa húmeda de la lavadora para comprobar que tampoco estaba allí. Tras unos angustiosos minutos, encontró el resguardo bajo el mueble del pasillo, escondido, como queriéndose burlar de él. Demasiadas emociones para un solo día, se dijo justo cuando el teléfono comenzaba a sonar. De mala gana descolgó y escuchó al otro lado la voz de su ayudant...

Casanova

Cómo pasa el tiempo , murmura Sebastián frente al espejo, mientras observa unas nuevas arrugas alrededor de sus ojos. Su lista de amantes a lo largo de estos años parece infinita, pero el tiempo no pasa en balde y, ahora ya, se encuentra sin fuerzas suficientes para enamorar a ninguna otra mujer. Demasiado tiempo embaucando lindas mujeres, haciéndolas creer que su amor sería eterno, que permanecería por siempre junto a cada una de ellas; y eso hacía, sí, hasta que en el camino aparecía una más y con ella se evaporaban todas las antiguas promesas de amor. Pero ahora, en unos minutos, se producirá su última cita. Sebastián se afeita con sumo esmero y se perfuma. Se viste con un elegante traje gris comprado para la ocasión, se anuda al cuello su corbata favorita y se dirige a la azotea del edificio. Cuando llega a la cita, ella ya está allí esperando. Siempre tan puntual. Sebastián se encarama al muro y, antes de saltar, saluda con una leve inclinación de cabeza a la bella dama de ...

Postdata

Mi amor:   Hace ya dos meses que te fuiste de casa y sigo esperando que vuelvas. Cada día se me hace más dura tu ausencia, sabiendo, sobre todo, que esta vez no volverás, que definitivamente te has ido de mi lado dejando un tremendo vacío en mi vida.   Si tuviera que valorar nuestra relación podría decir con la voz bien alta que fui feliz, que gracias a ti, mi vida se llenó de color, de miles de colores, de nuevos sabores y olores, los de tu piel y tu pelo, esos que todavía permanecen en casa, agazapados entre las sábanas y los armarios, dispuestos a sorprenderme en cualquier momento, cogiéndome siempre desprevenida y con la guardia baja, para, así, sacudirme y despertarme de esto que parece un mal sueño. Son eso que tú llamabas "bofetadas de realidad". Pues bien, Mario, ya he conocido el significado de la frase, aunque hubiera preferido no tener que aprenderlo a través de ti.   Cada día al terminar de trabajar vuelvo a casa creyendo que te encontraré aquí de...

Bienvenido a la ciudad

Ya se imaginará usted que una ciudad como esta oculta multitud de misterios entre sus murallas y ya que lo pregunta, y aunque a mí no me guste hablar de más, le diré que aquella noche la pasé en vela a cuenta de los gimoteos del perro de la vecina. Estuvo arañando la puerta de la casa hasta que a la mañana siguiente, cuando llegó la policía y la ambulancia, se esfumó. Cuentan que el animal enloqueció al descubrir el cadáver de su dueña. No es que yo haga mucho caso de los chismorreos, pero sí puedo decirle que desde entonces el chucho vaga por los alrededores como alma en pena. Es más, la señora María asegura que esa fiera no se separa de uno de los dedos de su ama, que ella lo ha visto con sus propios ojos, oiga. De todas formas, y ya que lo pregunta, le diré que éste es uno de los barrios más tranquilos de toda Ávila y que estaremos encantados de tener a alguien como usted de vecino.   Microrrelato seleccionado por el jurado para su publicación en el I Concurso ...

El anillo

Tras pedir en recepción que no me pasen ni una sola llamada hasta el día siguiente, subo a la habitación. Nada más entrar siento cómo el anillo me quema en el dedo. Parece como si al cruzar el umbral de la puerta, se hubiera hecho más pequeño de repente. Intento girarlo, pero parece fundido al dedo. No se mueve. Yo tampoco. Me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración cuando escucho el frenético bombeo de mi corazón. Me aflojo el nudo de la corbata para obtener algo más de aire. Por un momento, la única luz proveniente de la lamparita de noche, consigue serenarme algo.   A través de la puerta que conduce al cuarto de baño, se cuela el sonido del agua corriendo, que, a su vez, se mezcla con una voz femenina tarareando una irreconocible melodía. Vuelvo a intentarlo y esta vez, en lugar de girar el anillo, procuro deslizarlo. Así consigo hacerlo llegar hasta el nudillo. Sin embargo de ahí no pasa. Lo hago   varias veces sin éxito. Noto cómo el sudor comienza a...