sábado, 7 de septiembre de 2013

El cadáver


Llevo ya mucho tiempo contemplando el cadáver. Me resulta fascinante el desfile de insectos que se afanan en llegar hasta aquí para obtener algo de alimento. Los hay de todos los tamaños y colores, a muchos ni siquiera los había visto antes. Algunos, no conformes con llevarse un pedacito de carne, han instalado aquí mismo su nido. Cualquier hueco es válido: hay una familia entera de larvas en una de las cuencas oculares; una especie de mariposa duerme en una fosa nasal y los oídos son un frenético ir y venir de hormigas y gusanos. De vez en cuando intento asustarlos para que dejen el cuerpo en paz, pero estos monstruos nada entienden sobre el respeto a los muertos. Además, son demasiados. Cada vez más.

La espera se está alargando mucho. No he visto a nadie por aquí desde el accidente. Tal vez no hayan pasado sólo días, puede que se trate de meses, a juzgar por el aspecto del cuerpo. Cuando uno muere el tiempo no se calcula de igual manera. Ojalá puedan encontrar pronto mi cadáver, antes de que ya no quede ni un triste hueso que enterrar.

Tercer premio en el III Concurso de microrrelatos Maestro José María convocado por el periódico digital El Naviero.