martes, 23 de mayo de 2017

Imprevistos

A medida que pasaban las horas se iba poniendo más nervioso. Nunca pensó que todo aquello fuera a durar tanto tiempo, en su imaginación siempre había resultado más sencillo. Al principio el barrio estaba en calma, pero ahora podía escuchar todo el revuelo que se había formado en la calle. Y eso no ayudaba demasiado. Además, se había quedado sin tabaco. Preguntó si alguno de los que estaban ahí fumaba: ninguno. Él se sabía capaz de sobrellevar el hambre que sentía hacía ya un buen rato, pero estaba seguro de que no podría aguantar sin fumar. Así que decidió terminar con semejante agonía. Les ordenó levantarse del suelo, los acompañó hasta la salida y, uno a uno, los dejó marchar.

Una vez solo sacó su mechero y encendió una de las colillas que había ido tirando al suelo a lo largo del día. Tras darle dos caladas, abrió la puerta, tiró el arma sobre la acera y abandonó el banco con las manos en alto.



Microrrelato ganador en el IV Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro en la modalidad "resto de España".




lunes, 15 de mayo de 2017

Cómo recoger un premio literario en cinco sencillos pasos



PRIMER PASO: Para empezar, y por muy increíble que pueda parecerle, asuma que usted es una de las ganadoras del certamen. Felicite, cómo no, al resto de afortunados: ENHORABUENA A CELIA, NICOLÁS, IRENE, SARA, SONIA, MARÍA, MARINA Y TAMARA.

SEGUNDO PASO: Advierta a los asistentes que lo suyo no es hablar en público y que, por suerte, escribir se le da bastante mejor, así es que procure no improvisar ni dejar nada al azar: usted todavía no dispone de las tablas necesarias para ello.

TERCER PASO: Agradezca al público su asistencia. Agradezca también al ayuntamiento de Nájera, al instituto Esteban Manuel de Villegas y al jurado del concurso la elección de su relato. Aproveche también la oportunidad para darle las gracias a su madre por todo, así, en general; a Raúl por su inagotable paciencia y sus continuas lecciones de vida; y a sus chicas y chicos de la UPL por su incondicional apoyo y sus críticas no lo suficientemente despiadadas.

CUARTO PASO: Cree cierta tensión entre el público asistente leyendo, al menos, el comienzo de su relato. Puede que consiga encender en ellos unas irrefrenables ganas de leerlo al completo. Porque, al fin y al cabo, ese es el propósito del cuento: ser leído o contado.


Últimas voluntades

El tercer domingo de cada mes lo pasábamos velando el cuerpo de mi abuela. La costumbre se remontaba varios años atrás, cuando el tercer domingo de un mes de marzo a mi abuela le dio un achuchón y tuvimos que ingresarla de urgencia. Setenta y seis años tenía la mujer entonces, pero ya nos dijo el doctor que estaba como una chavala, que duraría un montón más y que no había de qué preocuparse. Pero mi abuela se preocupó, vaya si lo hizo. A los dos días, tras darle el alta, nos reunió a todos en casa para darnos instrucciones: a mi abuelo, a mis padres y a mí, su nieto preferido, como ella solía llamarme. Solo tenía un hijo y yo no tenía hermanos, pero si alguna vez se lo recordaba, ella respondía que de haber tenido cien nietos más, con seguridad yo seguiría siendo su favorito. 

QUINTO PASO: Por último, disfrute del día y del reconocimiento, pues no sabe cuándo volverá a verse en otra igual. Y no olvide recoger su premio, de esta manera la última semana del mes no se le hará tan larga como de costumbre.




Este es el discurso que leí el pasado día 13 de mayo en la entrega de premios del XXVIII Concurso Literario Esteban Manuel de Villegas de Nájera, en el que tuve la inmensa fortuna de resultar ganadora en la categoría de relato breve (modalidad de adultos).

viernes, 28 de abril de 2017

Miradas


Ya no se ven niños dentro de la ciudad amurallada. Tampoco mujeres, ella es la última, aunque sabe que no le queda demasiado tiempo. Lo siente en los ojos de los hombres que aún resisten al asedio, en sus miradas desesperadas, repletas de deseo, de ansia.
Al anochecer recorre lo que queda de la ciudad para encender los hogares de las casas vacías. Cada día hay más, pero gracias a ella el enemigo, de momento, no se enterará.
Hoy no se encuentra bien, su estómago hace mucho que ha dejado de rugir, ya ni siquiera es capaz de sentir el hambre. Ellos todavía sí. Por eso, cuando cae desfallecida en mitad de la calle, sus vecinos se abalanzan sobre ella como hienas hambrientas. Son sus miradas febriles lo último que la mujer ve.



Microrrelato seleccionado como finalista en el III Certamen de microrrelatos "Ciudad de Calahorra". Par leer los ganadores y el resto de seleccionados pincha aquí.