Cada 11 de noviembre, a esa hora en la que las calles se empiezan a vaciar y las luces de los escaparates se apagan, el Principito aporrea la cubierta –una excelente edición en tapa dura– de Alicia. Ella, entonces, se asoma tímida entre las páginas y le deja entrar. Casi al mismo tiempo, el capitán Alatriste y Drácula se apresuran a continuar su partida de ajedrez. A su lado, Sherlock Holmes se lamenta de que tampoco este año ha conseguido dejar de fumar. En un pasillo cercano, Hércules Poirot prosigue con su interrogatorio a un nervioso Christian Grey, que asegura haber extraviado una de sus sombras, mientras en la sección de clásicos se guarda un minuto de silencio por los descatalogados. A la mañana siguiente, cuando la librería abre, ya no queda ni rastro de las letras, frases y párrafos que don Quijote ha tirado por el suelo, empeñado, un año más, en derribar la estantería de las novedades a lomos del dinosaurio de Monterroso. Microrrelato seleccionado para ser l...